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Las protectoras de animales en España necesitan voluntarios con urgencia: más de 286.000 perros y gatos son abandonados cada año

Pasear perros, socializar gatos, acoger temporalmente a un animal o donar productos son algunas de las formas de colaborar con unos refugios que funcionan con plantillas mínimas y dependen casi por completo del trabajo no remunerado de sus voluntarios.

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21 de mayo de 2026
Protectora de animales

Carmen Ruiz tiene 42 años, trabaja como administrativa en una gestoría de Málaga y dedica sus sábados por la mañana a pasear perros en un refugio del extrarradio de la ciudad. Empezó hace tres años, tras ver una publicación en redes sociales que pedía ayuda para sacar a los animales de sus jaulas durante unas horas. Hoy coordina un equipo de doce voluntarios y asegura que esas cuatro horas semanales le han cambiado la forma de entender lo que significa implicarse en algo sin recompensa económica pero con un impacto inmediato y visible.

¿Cuántos animales abandonados recogen las protectoras españolas cada año? La Fundación Affinity publicó en su último estudio una cifra que debería interpelar a cualquiera: más de 286.000 perros y gatos, lo que equivale a 785 animales cada día. Detrás de cada uno de esos números hay un animal que llegó al refugio asustado o desnutrido y que depende de personas como Carmen para recibir un paseo, una revisión veterinaria o simplemente una caricia que le recuerde que el contacto humano no siempre significa peligro.

La mayoría de las protectoras funcionan con presupuestos muy limitados y una estructura de personal que rara vez supera las tres o cuatro personas contratadas. El grueso del trabajo diario recae sobre los voluntarios, desde la limpieza de los boxes hasta la difusión en redes sociales de los animales en adopción. Sin esa red de colaboradores que dedican su tiempo libre sin cobrar un euro, muchos refugios tendrían que cerrar o reducir drásticamente el número de animales que pueden acoger.

Qué tareas realizan los voluntarios en una protectora y por qué no hace falta experiencia previa para empezar a colaborar

¿Hay que saber de veterinaria para ser voluntario? No. La mayoría de los refugios consultados coinciden en que lo único imprescindible es compromiso con los horarios asignados y capacidad para seguir unas normas básicas de seguridad en el manejo de los animales. Las tareas más habituales van desde pasear perros y socializar gatos hasta transportar animales al veterinario, colaborar en jornadas de adopción o ayudar en la limpieza y desinfección de las instalaciones.

Un estudio de la Universidad de Hamilton, en Canadá, publicado en 2024, concluyó que las comunidades que participan en iniciativas de voluntariado animal presentan niveles más altos de cohesión social y satisfacción vital. No se trata solo de ayudar a los animales, sino de que el propio voluntario sale ganando en bienestar emocional y conexión con su entorno más cercano. ¿Y si no hay tiempo para acudir al refugio de forma presencial? Las protectoras ofrecen alternativas que se adaptan a casi cualquier situación personal. La acogida temporal, por ejemplo, consiste en alojar a un animal en casa durante unas semanas o meses mientras se le busca un adoptante definitivo. Es una fórmula especialmente útil para cachorros que necesitan cuidados constantes, animales convalecientes tras una operación o perros y gatos ancianos que soportan mal el estrés del entorno del refugio.

Otra vía de colaboración que no exige desplazarse es la donación de productos. Las protectoras necesitan pienso, comida húmeda, mantas, productos de higiene y medicamentos veterinarios. Hay refugios que organizan recogidas periódicas de alimentos y muchos ayuntamientos habilitan puntos de recogida en instalaciones municipales para canalizar las aportaciones de los vecinos. ¿Cómo se da el primer paso? El procedimiento es sencillo. Basta con localizar la protectora más cercana a través de internet o preguntando en clínicas veterinarias de la zona. La mayoría disponen de un formulario en su web para inscribirse, y algunas convocan reuniones informativas donde explican los turnos disponibles y las normas de convivencia con los animales. No suelen pedir más requisito que ser mayor de edad, firmar un compromiso de confidencialidad y respetar los protocolos sanitarios del centro.

Pedro Navarro, responsable de voluntariado en un refugio de la provincia de Valencia con más de 200 animales, lo resume con una frase que repite a cada nuevo colaborador: dedicar dos horas a la semana puede parecer poco, pero para un perro que lleva seis meses sin salir de un box de dos metros cuadrados, esas dos horas son lo mejor que le ha pasado en mucho tiempo.

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