¿Hay que deshacerse del gato cuando llega un bebé? La respuesta de los veterinarios especializados en comportamiento felino es rotunda: no. Pero sí hay que preparar el terreno con antelación y seguir un protocolo gradual que evite problemas que luego cuestan mucho más esfuerzo resolver. Cada año, protectoras de toda España reciben gatos adultos que sus propietarios entregan con la misma explicación: estamos esperando un hijo y no queremos riesgos, una decisión que los expertos en etología felina consideran innecesaria con las precauciones adecuadas.
Lo primero que hay que tener claro es que los gatos no son perros. Su relación con el entorno se basa en el control del territorio y en la estabilidad de las rutinas. Un gato que lleva años en un piso ha marcado cada rincón con feromonas faciales, sustancias que deposita al frotarse contra los muebles, las esquinas y las piernas de sus dueños. Ese marcaje invisible funciona como un mapa olfativo que le transmite seguridad, y cualquier cambio brusco en el territorio, desde pintar las paredes hasta mover su bandeja sanitaria, puede generarle un estrés que se manifiesta con maullidos excesivos, marcaje con orina o conductas de evitación.
¿Cuál es entonces la estrategia correcta? Anticiparse. Los veterinarios recomiendan realizar cualquier cambio importante en la casa al menos cuatro semanas antes de la fecha prevista de parto. Si hay que montar la cuna en una habitación que el gato usaba como zona de descanso, conviene trasladar su cama y su rascador a otro espacio con tiempo para que lo asimile. Las rutinas también importan: si cada tarde al volver del trabajo el propietario dedica diez minutos a jugar con el gato, esos diez minutos deben mantenerse tras la llegada del bebé, porque interrumpirlos es lo que genera la sensación de desplazamiento que los especialistas denominan celos por asociación.
Cómo presentar al recién nacido al gato paso a paso y qué errores comunes hay que evitar durante las primeras semanas de convivencia
¿Qué hacer mientras el bebé aún está en el hospital? Un protocolo recomienda llevar a casa un paño que haya estado en contacto con el recién nacido. Ese tejido se coloca cerca del gato mientras se le acaricia y se le ofrece algún premio comestible. El objetivo es que el animal asocie el olor del bebé con experiencias agradables antes de conocerlo físicamente, aprovechando que el olfato es el sentido dominante en la comunicación felina y que las primeras impresiones olfativas condicionan la respuesta del gato ante el nuevo miembro de la familia.
¿Y cuando el bebé llega a casa? Las reacciones varían según el temperamento del gato. Los ejemplares sociables se acercarán a investigar, y en ese caso no hay que regañarlos ni apartarlos bruscamente. Hacerlo equivaldría a que el gato relacionase al bebé con una experiencia negativa desde el primer momento. Lo correcto es acariciarlo, hablarle en tono suave y, si intenta tocar al niño con las patas, retirarlo con delicadeza. Los gatos más tímidos se esconderán, y en ese supuesto la norma es aún más clara: nunca hay que forzar el contacto ni coger al gato en brazos para acercarlo a la cuna, porque la adaptación debe ser siempre voluntaria y gradual.
Hay una regla que los veterinarios repiten sin excepción: durante las primeras semanas, jamás se debe dejar al bebé y al gato juntos sin supervisión de un adulto. No porque el gato vaya a atacar al recién nacido, algo extremadamente raro, sino porque un arañazo accidental puede prevenirse simplemente con la presencia de alguien que controle la situación. Limar las uñas del gato antes de la llegada del bebé es otra medida preventiva que los veterinarios aconsejan especialmente en felinos que arañan con frecuencia durante el juego.
¿Qué señales deben alertar a los padres? Un aumento notable de los maullidos, marcaje con orina fuera de la bandeja o conductas agresivas al acercarse al bebé son indicadores de estrés que requieren consulta veterinaria. En la mayoría de los casos, sin embargo, la convivencia transcurre sin incidentes cuando se respeta el ritmo del animal y se evita el error más frecuente: prestarle toda la atención al gato cuando el bebé duerme y ninguna cuando está despierto, porque eso es lo que le enseña a ver al niño como un competidor.