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Ocho de cada diez perros mayores de tres años padecen enfermedad periodontal

Los veterinarios advierten de que la halitosis no es una característica normal de las mascotas sino el primer síntoma de una infección que, sin tratamiento, puede dañar órganos vitales a través del torrente sanguíneo

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24 de mayo de 2026
Perro veterinario dientes

¿Cuándo fue la última vez que alguien le abrió la boca a su perro para mirarle los dientes? La pregunta, que a muchos propietarios les resulta extraña, es una de las primeras que hacen los veterinarios especializados en odontología animal en cualquier consulta de revisión. Y la respuesta habitual es nunca, lo que explica en buena parte por qué la enfermedad periodontal se ha convertido en la patología más infradiagnosticada en perros y gatos.

El problema empieza con la placa bacteriana. Cada vez que el animal come, una película de bacterias se adhiere a la superficie de los dientes y, si no se retira, se mineraliza en menos de 72 horas formando lo que los veterinarios llaman cálculo dental o sarro. Esa capa endurecida ya no se elimina con el cepillado doméstico y necesita** una limpieza profesional con ultrasonidos bajo anestesia general**.

Lo que muchos propietarios ignoran es que el sarro visible en la corona del diente es solo la parte menos peligrosa. El verdadero daño ocurre debajo de la encía, donde las bacterias destruyen el ligamento periodontal y el hueso que sostiene cada pieza. Cuando la enfermedad alcanza ese punto, conocido como periodontitis de grado III o IV en la escala veterinaria, la extracción del diente afectado suele ser la única opción, y en razas pequeñas como el yorkshire, el chihuahua o el caniche toy la pérdida de varias piezas antes de los siete años de vida es más frecuente de lo que cabría esperar.

La halitosis no es normal en perros ni en gatos y en la mayoría de los casos indica una infección activa que puede afectar al corazón, los riñones y el hígado

¿Huele mal la boca de su mascota? La creencia popular de que los perros tienen mal aliento por naturaleza es uno de los mitos que más retrasan el diagnóstico. Los veterinarios de la Universidad Complutense de Madrid llevan años insistiendo en que la halitosis es un síntoma, no una característica, y que en el 85 % de los casos responde a una acumulación de bacterias anaerobias bajo la línea de la encía que solo desaparece con tratamiento profesional.

Pero el problema no se queda en la boca. Las bacterias que proliferan en una encía inflamada pueden acceder al torrente sanguíneo cada vez que el animal mastica, y desde ahí colonizar órganos a distancia. Estudios publicados en el Journal of Veterinary Dentistry han documentado endocarditis bacteriana, insuficiencia renal crónica y hepatitis reactiva en perros cuyo único foco infeccioso identificable era una boca con enfermedad periodontal avanzada, algo que los propietarios rara vez asocian con un simple problema de dientes.

¿Qué señales deben encender la alarma? Las encías de un perro o un gato sano son de color rosado uniforme y no sangran al contacto. Si al levantar el labio del animal se observa una línea roja en el borde de la encía, sangrado espontáneo, dientes que se mueven o una salivación excesiva que mancha el pelo del mentón, conviene pedir cita veterinaria sin demorarlo. En los gatos la detección es aún más difícil porque tienden a ocultar el dolor hasta fases muy avanzadas, y muchos propietarios solo notan el problema cuando el animal deja de acicalarse o empieza a perder peso sin causa aparente.

¿Se puede prevenir? Los veterinarios coinciden en que un cepillado dental tres veces por semana con pasta enzimática específica para animales reduce la formación de sarro en más de un 60 %. Los snacks dentales y las dietas formuladas con croquetas de mayor tamaño que obliguen al animal a masticar complementan esa rutina, aunque ninguno de esos recursos sustituye la revisión anual en consulta. La limpieza dental profesional con radiografía intraoral, que permite detectar lesiones en las raíces que no son visibles a simple vista, sigue siendo la herramienta más fiable para frenar la enfermedad periodontal antes de que cause daños irreversibles en la boca y en el resto del organismo.

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