Ana García vive en el barrio de Lavapiés, en Madrid, y el pasado noviembre se encontró un gato atigrado temblando junto al contenedor de su portal. No sabía si llamar al 112, llevarlo a una clínica o simplemente dejarle comida y esperar. Hizo lo que hacen ocho de cada diez personas en esa situación: sacó el móvil, buscó en internet y se perdió entre consejos contradictorios mientras el animal seguía tiritando a sus pies.
El primer dato que conviene tener claro es que no todos los gatos que aparecen en la calle necesitan ser rescatados. En España funcionan miles de colonias felinas controladas por asociaciones y ayuntamientos que aplican el método CES, siglas de capturar, esterilizar y soltar. Los gatos que ya han pasado por ese protocolo llevan un pequeño corte en la punta de la oreja izquierda, una señal que cualquier vecino puede identificar a simple vista y que significa que el animal está esterilizado, vacunado y supervisado por voluntarios.
¿Cómo saber entonces si el gato que acabas de encontrar está realmente abandonado? Hay que fijarse en varios indicadores a la vez. Un animal perdido suele maullar con insistencia, busca el contacto visual con las personas que pasan, se acerca a los portales como si quisiera entrar en algún edificio y presenta un aspecto descuidado, pelo apelmazado o costras visibles. Un gato feral, por el contrario, huye al menor movimiento, evita cualquier cercanía humana y se desplaza por la zona con la seguridad de quien lleva meses viviendo en ella.
Cómo actuar paso a paso cuando confirmas que el gato necesita ayuda y a quién llamar en cada situación
Si el gato permite cierta aproximación, lo primero es ofrecerle agua y un poco de comida húmeda. Ese gesto, además de cubrir una necesidad inmediata, permite ganar su confianza para comprobar si lleva collar con chapa identificativa. Muchos propietarios graban su número de teléfono en una placa metálica que cuelga del collar, y una llamada rápida basta para resolver la situación en el mismo portal donde apareció el animal.
¿Y si no lleva collar? Entonces el paso siguiente es acudir a cualquier clínica veterinaria para que pasen un lector de microchip por el cuello del gato. El escáner detecta en dos segundos si el animal tiene implantado un chip subcutáneo con un código vinculado a los datos de su propietario en la REIAC, la Red Española de Identificación de Animales de Compañía. Desde que la Ley de Bienestar Animal de 2023 hizo obligatorio el microchip para todos los gatos desde su nacimiento, esta comprobación se ha convertido en el primer recurso al que acuden veterinarios y policías locales cuando reciben un aviso.
¿Qué pasa si el gato no tiene ni collar ni microchip y nadie lo reclama? Las opciones son tres: contactar con una protectora de la zona para que gestione su acogida, avisar al servicio municipal de recogida de animales o llamar a la policía local, que tiene competencia para intervenir y derivar al animal al centro de acogida correspondiente. Por supuesto, también hacer un ficha en BackHomePet puede ser muy útil. No obstante, si el gato se deja coger y la persona que lo ha encontrado puede alojarlo temporalmente, publicar fotos con la ubicación exacta del hallazgo en grupos vecinales de redes sociales ha demostrado ser el método más rápido para localizar al dueño cuando lo hay.
Hay un escenario que merece una advertencia aparte: las camadas de gatitos que aparecen entre abril y septiembre en parques, jardines y solares. Antes de tocar a las crías hay que esperar al menos dos horas observando desde una distancia que no ahuyente a la madre, porque en la inmensa mayoría de los casos la gata ha salido a buscar comida y va a volver. Llevarse a los gatitos prematuramente puede provocar mastitis en la madre y privar a las crías de la leche materna, que durante las tres primeras semanas de vida resulta insustituible.
La veterinaria Laura Méndez, que atiende rescates en una clínica del centro de Sevilla, resume el consejo que da a todos los vecinos que llegan con un gato encontrado: observar cinco minutos antes de actuar vale más que improvisar con la mejor de las intenciones, porque un rescate bien hecho empieza siempre por confirmar que el animal realmente necesita ser rescatado.